Cae la tarde, dos figuras caminan sin hacer ruido por un sendero perdido, entre montañas más altas que las nubes. Ambos llevaban su trayecto en silencio, cubiertos por sus humildes hábitos de monje de las miradas furtivas de los dioses, ocultos de todo y todos. Uno de ellos, el más jóven, se detiene cuando una hermosísima mariposa llena de vivos colores se cruza con él; éste le extiende la palma de la mano y ella la acepta posándose en ella y plegando las alas. El monje sonríe afablemente bajo su capucha, embargado por la belleza del momento. Su compañero se para y la observa él también, con gesto serio y observador. La dulce expresión del otro monje se tuerce en espanto cuando la mariposa comienza a perder sus colores como si se le fuera la vida, para caer después al árido suelo, muerta.
- Me sorprende que aún muestres esa expresión. -le espeta el monje más mayor.
- ¿Debería acaso mostrarme insensible al dolor como haces tú? Es una humana la que está muriendo, su alma agoniza junto con la mariposa. -responde, pálido y estremecido.
- Así funciona todo. -afirma su compañero, con la vista lejos -¿Recuerdas la belleza con la que nacen las mariposas? Los mortales humanos vienen igual que se van, lo acabas de ver. -dijo señalando con la mirada la delicada criatura, inerte y descolorida en el suelo.- Pero quizás podamos hacer algo con esta. Ven, veamos a quien pertenece esa mariposa.
Ambos caminan bajo sus hábitos hasta el borde de la montaña y miran hacia el abismo. A través del abismo, de las nubes y el viento, encuentran a la persona que agoniza en su misma casa. La ven sufriendo:
Con un grito de furia, ella lanza más cosas hacia la pared. Alza sus rugidos al cielo, destroza todo en la habitación hasta convertirla en astillas y cristal roto. Entre furia, frustración y odio, vacía los armarios con violencia y arrasa con todos los recuerdos y platos que encuentra. El huracán no se detiene, la tormenta no pasa ni se debilita. Avanza causando más destrucción hasta llegar a su habitación, llena de espejos. Se observa un momento, el pelo pegado a la piel sudorosa, la expresión torcida de dolor y sueños aniquilados, dos lágrimas negras corriendo por sus mejillas desde sus ojos rojos. Sin dudar ni un momento, agarra lo primero que encuentra y los rompe todos uno a uno con un rugido de rabia.
Se queda sola y vacía en la habitación. Sus rodillas se doblan débiles, queda ella de rodilas en medio del caos y las cenizas. Sus manos tiemblan, llenas de sangre y astillas. Se acurruca en el suelo, llora en silencio.
- Se está muriendo. -susurra el monje más serio.
- No... -replica dolorido y estremecido su compañero -No, se está curando. Mírala atentamente.
- Sólo veo un tornado que se apaga. Cuando termine, estará muerta como la mariposa.
- El tornado ni se apagará ni morirá, sólo se detendrá. Observa. Llora, desesperada y casi destruída, pero llora de forma distinta a como solía hacerlo. Porque ahora sabe por qué llora.
El monje mayor la mira con curiosidad desde arriba de las nubes.
Ella sigue llorando y sacudiendo sus hombros a cada sollozo. Se incorpora un poco y mira el espejo roto, tan roto como ella. Coje un trozo, afilado y mortal, y se ve reflejada. Se ve igual. Y entiende, ahora se entiende. Lo suelta, observa todos los trozos y llora muy callada y pequeñita.
- ¿Ves?- susurra en una sonrisa amarga el monje joven.
- No. -suelta su compañero.
- Ahora ha visto quién es de verdad, qué somos.
- Ilústrame.
El monje se giró a su amigo y le dijo sonriendo:
- Ha visto que estamos hechos de pedazos rotos.
La mariposa agitó las alas. Recuperó parte de su color. Y poco a poco, consiguió volar.
jueves, 28 de marzo de 2013
jueves, 7 de marzo de 2013
Estrella, instantánea y eterna estrella.
Tumbado sobre el césped, el viento soplando sobre las hojas y las copas de los árboles, el Príncipe observa el cielo nocturno. Infinito, eterno, mucho más real que cualquier otra cosa en aquel momento. La brisa de verano roza cada brizna de hierba y acaricia cada estrella y cada astro de la gran cúpula celeste. El Príncipe sonríe, ha estado allí arriba, se ha criado allí arriba nadando en el cosmos. Galaxias de fuego y diamante, miles de millones de luces incandescentes, polvo de estrella acariciando cada sonrisa, inconmensurables supernovas explotando en un segundo y llenando todo del bello caos, del arte que alcanza su punto álgido justo antes de desaparecer para siempre.
Una estrella fugaz cruza el cielo, instantánea, para volver a desaparecer y no ser vista nunca más. Quizás algún día recordemos haber visto esa estrella, quizás dentro de un tiempo, convertida ya en un recuerdo, vuelva a surgir de nuestra mente para intentar ser revivida durante unos instantes de nostalgia. Quizás no, y muera sin llegar a ser siquiera recuerdo.
Puede que llegue el día en el que recordemos estos momentos que nos dedicábamos a dejar pasar sin preocuparnos, o que pasaban entre terribles pensamientos y malestares por quién recordará qué. Pero ahora, en este mismo instante, no son recuerdos. Ahora mismo los estamos viviendo, justo en este instante en el que estás leyendo estas palabras hay personas naciendo y muriendo, estrellas apagándose y galaxias originándose, besos y caricias quién sabe dónde, y no importa, porque lo verdaderamente importante es que ahora somos conscientes de que está ocurriendo. Aquí, allí, en todas partes, están originándose los que serán algún día los recuerdos que guardaremos en nuestro Baúl de los Recuerdos.
Pero qué importan los recuerdos, ya habrá tiempo para recordar, ya que ahora, en este instante, estamos vivos. Y ahora que sabemos que vivimos, es cuando podemos empezar a vivir.
Una estrella fugaz cruza el cielo, instantánea, para volver a desaparecer y no ser vista nunca más. Quizás algún día recordemos haber visto esa estrella, quizás dentro de un tiempo, convertida ya en un recuerdo, vuelva a surgir de nuestra mente para intentar ser revivida durante unos instantes de nostalgia. Quizás no, y muera sin llegar a ser siquiera recuerdo.
Puede que llegue el día en el que recordemos estos momentos que nos dedicábamos a dejar pasar sin preocuparnos, o que pasaban entre terribles pensamientos y malestares por quién recordará qué. Pero ahora, en este mismo instante, no son recuerdos. Ahora mismo los estamos viviendo, justo en este instante en el que estás leyendo estas palabras hay personas naciendo y muriendo, estrellas apagándose y galaxias originándose, besos y caricias quién sabe dónde, y no importa, porque lo verdaderamente importante es que ahora somos conscientes de que está ocurriendo. Aquí, allí, en todas partes, están originándose los que serán algún día los recuerdos que guardaremos en nuestro Baúl de los Recuerdos.
Pero qué importan los recuerdos, ya habrá tiempo para recordar, ya que ahora, en este instante, estamos vivos. Y ahora que sabemos que vivimos, es cuando podemos empezar a vivir.
miércoles, 6 de febrero de 2013
Prisma cristalino.
- --- Me pregunto quién fue aquel que dijo que el amor
era hermoso… –comentó ella, irónica, al lado de su amigo.
- --- Alguien que quiso y fue correspondido. –respondió
él, con sencillez.
Ambos, como tantas tardes, se apoyaban en la barandilla del
puente, desde donde podían ver el mar acompañados del atardecer reflejado en el
mar. Sobre todo, un lugar que para ambos
significaba sus más íntimos momentos de soledad y palabras compartidas. Unas
veces hablaban sobre algo, lo que sea, sin demasiado interés. Otras simplemente
dejaban escapar sus pensamientos sin pararse a pensarlos antes de
pronunciarlos. U otras veces guardaban silencio y observaban en silencio cómo
las luces del atardecer pintaban en las nubes y jugaban con la efervescente
atmósfera del crepúsculo.
- ---Al final lo de que te guste a alguien acaba
doliendo, o seré yo que no encuentro a nadie para mí. –dijo ella, tratando de
sonar convencida o indiferente.
- ---Es como decir que al final de la vida nos
morimos. –replicó él. -Por supuesto que cuando algo se termina duele. Como en
casi todo. El amor es como la vida, se disfruta como lo mejor que nos ocurre,
nos llena de ilusiones y al final se termina y duele. Pero que el final duela
no quita los buenos ratos que hubo.
- ---No digas tonterías. –se rió ella. –Si alguien
con quien compartías algo rompe ese vínculo tan único que os unía… te acaba
faltando algo, por muy bien que te lo hayas pasado. –dijo en voz más baja. –Al final
es cierto, te lo has pasado como nunca, pero es algo que ya no existe y no
volverá.
- ---¿Y por qué no celebrar que ocurrió? ¿Que ese
vinculo existió una vez?
- ---Antes de ser capaz de celebrar eso, te aseguro
que te tiras muchísimo tiempo sufriendo… ay tonto, como se te nota que nunca
has estado con nadie. Tienes ese positivismo bien grabado a fuego –dijo acompañándolo
con una risa, esta vez sincera, y revolviéndole el pelo a su amigo.
Ambos guardaron silencio unos instantes más. Ella se giró
hacia él y se relajó mirándole, intentando desentrañar algo en su rostro. Él le
devolvió la mirada, y ella notó cómo una chispa saltaba en aquella mirada, y
entonces ella vio a través de los ojos de él. Se abrió su mente, como un libro
abierto, y ella pudo leer en él algo que no habría creído de otra forma. De alguna
manera, vio pequeños recuerdos que se paraban en aquel momento por .la mente de
él, como una película llena de trozos y retazos mezclados. Se sucedían como
escenas breves, instantáneas, superpuestas, de apenas un segundo.
El chasquido de un
beso. El roce de una mano trepándole por el brazo. Dos latidos sordos y
profundos. Un jadeo arrancado sobre su pecho. Un suspiro al trasluz de una
sábana. Una risa suave, a dos voces. Un ronroneo que le acaricia el cuello.
Diez mil vellos erizándose, como arañas
bocarriba. La caricia del papel al pasar una página más. Dos copas brindando.
Sal y limón sobre la piel. Más risas, sinceras y naturales. Una canción con un
significado. Una luz que se apaga. Y un abrazo en la oscuridad, un “nunca te
soltaré”… Las siguientes imágenes son de dolor, dolor profundo y desgarrador.
Ella las conoce, las ha vivido igual que él, e igual que cualquiera que ha
visto el fin, siempre doloroso, de algo que una vez hubo entre dos personas
enamoradas.
Sale del trance, abandona la mente de su amigo. Éste desvía
la mirada y sonríe al atardecer. Ella se ve confusa, no deja de mirar la sonrisa
que tiene enfrente.
- --- Lo siento. –susurra ella.
- ---Yo no. –dice él sonriendo. –No me arrepiento de
nada de lo que hice. Aunque ya se haya terminado, celebro que existió. Y esa,
es la clave.
viernes, 25 de enero de 2013
El Mapa del Viento.
Hay quien cree que el hecho de levantarse de la cama y
obligarse a ser más que ayer le parece una tontería. Quizás sea algo que ya
algunos habréis oído tantas veces que os parece tonto. Sin embargo, sé que
algunos de vosotros todavía tenéis sueños, y creéis, al igual que creo yo, que
el mero hecho de que amanezca tiene un sentido. Un sentido que da explicación
al simple hecho de estar vivo para así poder levantarnos un día más.
Creo que las personas, el mundo, son algo muy grande que no
podemos entender. Porque cada persona es un mundo, y si ni siquiera podemos
entender el de cada uno, ¿cómo entender el de tantos que nos rodean? Si cada
persona es un mundo, entonces cada ínfima y diminuta cosa que existe y que
podemos sentir es distinta para cada persona. Es por eso que cosas como el que
sea de noche o de día puedan tener tantísimos significados.
Aunque esto pueda parecer un caos, una confusión absoluta o
un extraño punto de vista, en realidad es un hecho realmente precioso. Porque
del mismo modo, la vida puede tener miles de millones de significados
diferentes, de razones para vivirla. Miles de millones de razones para
levantarnos cada mañana y ser un poco mejores… algo tan simple que se nos
escapa.
Cada detalle, cada acto de odio, o de compasión y amor,
construyen gota a gota nuestro futuro. Quizás alguien piense: “Un detalle sin
importancia da igual, total, una gota no es nada…”. Claro que no importa. En
realidad, una gota no tiene ningún valor en un océano. Pero, ¿qué es un océano
sino el magnífico e inmenso resultado de miles de millones de gotas?
sábado, 12 de enero de 2013
Él, Ella, y algo más que piel y huesos.
Sonríen, esta noche será de los dos.
Cae la tarde, cesan los ruídos, Él se prepara para encontrarse con Ella sobre la tarima. Ambos actúan esta misma noche, los nervios les crispan y la ilusión les alimenta. Ella luce hoy sus mejores galas, relucientes, como hecha de destellos y de azabache. Los enamorados no se han visto en todo el día, esperarán a verse por primera vez en la sala, iluminados por las luces en el silencio, así la magia es mayor en el encuentro.
Él se abrocha el traje, su pelo negro como la noche y su mirada dulce como un beso robado. Ella se estremece, impaciente por notar el suave tacto de Él en su cintura sobre el escenario, ansiosa por el momento.
Y el momento, finalmente llega.
La sala se llena. De gente, de silencio y de oscuridad. Todos contienen el aliento. Se enciende una única luz, en el escenario. Ante el aplauso del público, ambos caminan hacia la luz. Él y Ella sonríen como el primer día cuando se ven, se encuentran, y la magia les inunda bajo la luz del foco. Él la sujeta, con dulzura pero con firmeza, Ella se deja llevar hacia Él. Y comienza algo que nadie de la sala podrá olvidar jamás...
Él comienza a mover los dedos por las cuerdas de Ella, los sonidos salen de su madera. El arco del violín surca el aire como un águila surca el cielo de la noche, Ella canta desde el corazón de Él el suave vals, ambos se encuentran como uno solo.
La luz del foco ilumina unas letras doradas escritas sobre el violín: "Ella".
El público se emociona ante el espectáculo que jamás habrían creído ver en vida. Y todos comprenden que
no conocería nadie mayor amor que el que veían ante ellos, y que nunca nadie había estado tan enamorado jamás, por estúpido que pueda parecer, como Él y Ella. Que jamás amaría nadie tan fuerte como amaba aquel violinista a su instrumento. Que el amor verdadero nacía de la música de ambos. Que eran el uno para el otro en vida y muerte.
Cae la tarde, cesan los ruídos, Él se prepara para encontrarse con Ella sobre la tarima. Ambos actúan esta misma noche, los nervios les crispan y la ilusión les alimenta. Ella luce hoy sus mejores galas, relucientes, como hecha de destellos y de azabache. Los enamorados no se han visto en todo el día, esperarán a verse por primera vez en la sala, iluminados por las luces en el silencio, así la magia es mayor en el encuentro.
Él se abrocha el traje, su pelo negro como la noche y su mirada dulce como un beso robado. Ella se estremece, impaciente por notar el suave tacto de Él en su cintura sobre el escenario, ansiosa por el momento.
Y el momento, finalmente llega.
La sala se llena. De gente, de silencio y de oscuridad. Todos contienen el aliento. Se enciende una única luz, en el escenario. Ante el aplauso del público, ambos caminan hacia la luz. Él y Ella sonríen como el primer día cuando se ven, se encuentran, y la magia les inunda bajo la luz del foco. Él la sujeta, con dulzura pero con firmeza, Ella se deja llevar hacia Él. Y comienza algo que nadie de la sala podrá olvidar jamás...
Él comienza a mover los dedos por las cuerdas de Ella, los sonidos salen de su madera. El arco del violín surca el aire como un águila surca el cielo de la noche, Ella canta desde el corazón de Él el suave vals, ambos se encuentran como uno solo.
La luz del foco ilumina unas letras doradas escritas sobre el violín: "Ella".
El público se emociona ante el espectáculo que jamás habrían creído ver en vida. Y todos comprenden que
no conocería nadie mayor amor que el que veían ante ellos, y que nunca nadie había estado tan enamorado jamás, por estúpido que pueda parecer, como Él y Ella. Que jamás amaría nadie tan fuerte como amaba aquel violinista a su instrumento. Que el amor verdadero nacía de la música de ambos. Que eran el uno para el otro en vida y muerte.
miércoles, 2 de enero de 2013
Año Nuevo.
Año nuevo. Todos celebramos, reímos, algunos nos
emocionamos, pasamos la víspera con familiares… ¿Qué celebramos?, me pregunto
mientras me intento hacer el nudo de la corbata por tercera vez. No sé del todo bien qué le da ese sentido a esta noche ¿Qué significa todo esto?
Yo de pequeño solía pensar que era una excusa para reunirse con la familia
todos juntos alrededor de una misma mesa y compartir algo más que platos y recuerdos.
Sin embargo, y a pesar de que aún no descarto esa idea, sé esta no es la verdadera
razón.
Me coloco frente al espejo. Llevo la misma ropa que el año
pasado, pero no estoy siquiera algo semejante a hace trescientos sesenta y
cinco días. Veo en mí reflejo algo que me encanta, y sé que un año sí que puede
marcar la diferencia por muchísimos que vivamos. Es ese algo en la mirada que
mi reflejo me devuelve lo que me convence y convierte en quién soy ahora y quién era, y lo
que realmente me hace comprender el significado de este día. De una forma u
otra, celebramos un año más en este extraño y maravilloso mundo, celebramos que
una vez más han pasado las estaciones y empieza un nuevo ciclo, nos reunimos y
nos decimos que todo va bien y que ya ha pasado un año más. Al final, el
trasfondo es siempre el mismo: Seguimos aquí. Un año más, seguimos aquí.
Para todos, y a pesar de lo simple que es que termine un
calendario y empiece uno nuevo, parece ser algo extraordinario. Amigos y
personas especiales te felicitan el fin de año y te dicen que lo han disfrutado
contigo y esperan que el que viene sea igual, nos prometemos hacer cosas
fantásticas y mejorar en pequeños detalles, nos abrazamos y nos hacemos
promesas sobre todos los años más que estaremos juntos igual que este.
Termina la noche para mí, para otros empieza. Mientras
me quito los zapatos pienso en la importancia que tiene para muchos un evento
que ocurre relativamente cada poco tiempo. Un año no es nada, aún así pueden
ocurrir tantas cosas… Pienso en la canción de Mecano dedicada a esta fecha, sonrío mientras canto en
mi mente que “todos hacemos por una vez algo a la vez”.
Me meto en la cama.
Es 1 de Enero. Año nuevo, vida nueva, o eso dicen. Yo pienso seguir como
siempre, pero mejor que nunca. Cierro los ojos por primera vez en este 2013, y
me duermo soñando con lo que traerá.
lunes, 31 de diciembre de 2012
Por todos los que callan por alguien.
Sufre desde detrás del espejo. No dice nada, guarda todo
dentro de su puño apretado. Si le pregunta, responderá que está bien, esa vaga
y débil mentira que no puede esconder el rojo de sus ojos, fruto de lágrimas
pesadas como balas en sus mejillas.
Se traga todas las bombas para evitar que éstas la dañen,
bombas que explotan cuando nadie mira y aniquilan cada mariposa en su estómago,
cada sonrisa y recuerdo dulce. El dolor cae en forma de bomba hasta el vientre
y se lleva cada aleteo de mariposa y cada momento cálido. Se traga las
explosiones, por los dos. Para que solo uno sufra. Porque la felicidad de la
otra persona es lo único y lo más importante.
Suelta su rabia en forma de colores sobre las palabras, de
olores sobre su música, sonidos en su lienzo. Mira la habitación detenidamente.
En esa esquina hay un grito, en esa mesa una caricia, en esa otra esquina un
beso. Y en la comisura de sus labios, palabras y besos que no llegaron a tener
un momento en la historia de ambos.
Ahora todo está bien. Mejor que nunca. Hasta que la luz se
apaga, nadie mira, se queda solo, y sus hombros se agitan a cada sollozo
arrancado.
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