miércoles, 6 de febrero de 2013

Prisma cristalino.



-        --- Me pregunto quién fue aquel que dijo que el amor era hermoso… –comentó ella, irónica, al lado de su amigo.
-        --- Alguien que quiso y fue correspondido. –respondió él, con sencillez.

Ambos, como tantas tardes, se apoyaban en la barandilla del puente, desde donde podían ver el mar acompañados del atardecer reflejado en el mar. Sobre todo, un lugar  que para ambos significaba sus más íntimos momentos de soledad y palabras compartidas. Unas veces hablaban sobre algo, lo que sea, sin demasiado interés. Otras simplemente dejaban escapar sus pensamientos sin pararse a pensarlos antes de pronunciarlos. U otras veces guardaban silencio y observaban en silencio cómo las luces del atardecer pintaban en las nubes y jugaban con la efervescente atmósfera del crepúsculo.

-         ---Al final lo de que te guste a alguien acaba doliendo, o seré yo que no encuentro a nadie para mí. –dijo ella, tratando de sonar convencida o indiferente.
-         ---Es como decir que al final de la vida nos morimos. –replicó él. -Por supuesto que cuando algo se termina duele. Como en casi todo. El amor es como la vida, se disfruta como lo mejor que nos ocurre, nos llena de ilusiones y al final se termina y duele. Pero que el final duela no quita los buenos ratos que hubo.
-         ---No digas tonterías. –se rió ella. –Si alguien con quien compartías algo rompe ese vínculo tan único que os unía… te acaba faltando algo, por muy bien que te lo hayas pasado. –dijo en voz más baja. –Al final es cierto, te lo has pasado como nunca, pero es algo que ya no existe y no volverá.
-         ---¿Y por qué no celebrar que ocurrió? ¿Que ese vinculo existió una vez?
-         ---Antes de ser capaz de celebrar eso, te aseguro que te tiras muchísimo tiempo sufriendo… ay tonto, como se te nota que nunca has estado con nadie. Tienes ese positivismo bien grabado a fuego –dijo acompañándolo con una risa, esta vez sincera, y revolviéndole el pelo a su amigo.

Ambos guardaron silencio unos instantes más. Ella se giró hacia él y se relajó mirándole, intentando desentrañar algo en su rostro. Él le devolvió la mirada, y ella notó cómo una chispa saltaba en aquella mirada, y entonces ella vio a través de los ojos de él. Se abrió su mente, como un libro abierto, y ella pudo leer en él algo que no habría creído de otra forma. De alguna manera, vio pequeños recuerdos que se paraban en aquel momento por .la mente de él, como una película llena de trozos y retazos mezclados. Se sucedían como escenas breves, instantáneas, superpuestas, de apenas un segundo.

 El chasquido de un beso. El roce de una mano trepándole por el brazo. Dos latidos sordos y profundos. Un jadeo arrancado sobre su pecho. Un suspiro al trasluz de una sábana. Una risa suave, a dos voces. Un ronroneo que le acaricia el cuello. Diez  mil vellos erizándose, como arañas bocarriba. La caricia del papel al pasar una página más. Dos copas brindando. Sal y limón sobre la piel. Más risas, sinceras y naturales. Una canción con un significado. Una luz que se apaga. Y un abrazo en la oscuridad, un “nunca te soltaré”… Las siguientes imágenes son de dolor, dolor profundo y desgarrador. Ella las conoce, las ha vivido igual que él, e igual que cualquiera que ha visto el fin, siempre doloroso, de algo que una vez hubo entre dos personas enamoradas.

Sale del trance, abandona la mente de su amigo. Éste desvía la mirada y sonríe al atardecer. Ella se ve confusa, no deja de mirar la sonrisa que tiene enfrente.
-        --- Lo siento. –susurra ella.
-        ---Yo no. –dice él sonriendo. –No me arrepiento de nada de lo que hice. Aunque ya se haya terminado, celebro que existió. Y esa, es la clave.

viernes, 25 de enero de 2013

El Mapa del Viento.


Hay quien cree que el hecho de levantarse de la cama y obligarse a ser más que ayer le parece una tontería. Quizás sea algo que ya algunos habréis oído tantas veces que os parece tonto. Sin embargo, sé que algunos de vosotros todavía tenéis sueños, y creéis, al igual que creo yo, que el mero hecho de que amanezca tiene un sentido. Un sentido que da explicación al simple hecho de estar vivo para así poder levantarnos un día más.
Creo que las personas, el mundo, son algo muy grande que no podemos entender. Porque cada persona es un mundo, y si ni siquiera podemos entender el de cada uno, ¿cómo entender el de tantos que nos rodean? Si cada persona es un mundo, entonces cada ínfima y diminuta cosa que existe y que podemos sentir es distinta para cada persona. Es por eso que cosas como el que sea de noche o de día puedan tener tantísimos significados.
Aunque esto pueda parecer un caos, una confusión absoluta o un extraño punto de vista, en realidad es un hecho realmente precioso. Porque del mismo modo, la vida puede tener miles de millones de significados diferentes, de razones para vivirla. Miles de millones de razones para levantarnos cada mañana y ser un poco mejores… algo tan simple que se nos escapa.

Cada detalle, cada acto de odio, o de compasión y amor, construyen gota a gota nuestro futuro. Quizás alguien piense: “Un detalle sin importancia da igual, total, una gota no es nada…”. Claro que no importa. En realidad, una gota no tiene ningún valor en un océano. Pero, ¿qué es un océano sino el magnífico e inmenso resultado de miles de millones de gotas? 


sábado, 12 de enero de 2013

Él, Ella, y algo más que piel y huesos.

Sonríen, esta noche será de los dos.
Cae la tarde, cesan los ruídos, Él se prepara para encontrarse con Ella sobre la tarima. Ambos actúan esta misma noche, los nervios les crispan y la ilusión les alimenta. Ella luce hoy sus mejores galas, relucientes, como hecha de destellos y de azabache. Los enamorados no se han visto en todo el día, esperarán a verse por primera vez en la sala, iluminados por las luces en el silencio, así la magia es mayor en el encuentro.

Él se abrocha el traje, su pelo negro como la noche y su mirada dulce como un beso robado. Ella se estremece, impaciente por notar el suave tacto de Él en su cintura sobre el escenario, ansiosa por el momento.
Y el momento, finalmente llega.

La sala se llena. De gente, de silencio y de oscuridad. Todos contienen el aliento. Se enciende una única luz, en el escenario. Ante el aplauso del público, ambos caminan hacia la luz. Él y Ella sonríen como el primer día cuando se ven, se encuentran, y la magia les inunda bajo la luz del foco. Él la sujeta, con dulzura pero con firmeza, Ella se deja llevar hacia Él. Y comienza algo que nadie de la sala podrá olvidar jamás...
Él comienza a mover los dedos por las cuerdas de Ella, los sonidos salen de su madera. El arco del violín surca el aire como un águila surca el cielo de la noche, Ella canta desde el corazón de Él el suave vals, ambos se encuentran como uno solo.

 La luz del foco ilumina unas letras doradas escritas sobre el violín: "Ella".

 El público se emociona ante el espectáculo que jamás habrían creído ver en vida. Y todos comprenden que
no conocería nadie mayor amor que el que veían ante ellos, y que nunca nadie había estado tan enamorado jamás, por estúpido que pueda parecer, como Él y Ella. Que jamás amaría nadie tan fuerte como amaba aquel violinista a su instrumento. Que el amor verdadero nacía de la música de ambos. Que eran el uno para el otro en vida y muerte.


miércoles, 2 de enero de 2013

Año Nuevo.


Año nuevo. Todos celebramos, reímos, algunos nos emocionamos, pasamos la víspera con familiares… ¿Qué celebramos?, me pregunto mientras me intento hacer el nudo de la corbata por tercera vez. No sé del todo bien qué le da ese sentido a esta noche ¿Qué significa todo esto? Yo de pequeño solía pensar que era una excusa para reunirse con la familia todos juntos alrededor de una misma mesa y compartir algo más que platos y recuerdos. Sin embargo, y a pesar de que aún no descarto esa idea, sé esta no es la verdadera razón.
Me coloco frente al espejo. Llevo la misma ropa que el año pasado, pero no estoy siquiera algo semejante a hace trescientos sesenta y cinco días. Veo en mí reflejo algo que me encanta, y sé que un año sí que puede marcar la diferencia por muchísimos que vivamos. Es ese algo en la mirada que mi reflejo me devuelve lo que me convence y convierte en quién soy ahora y quién era, y lo que realmente me hace comprender el significado de este día. De una forma u otra, celebramos un año más en este extraño y maravilloso mundo, celebramos que una vez más han pasado las estaciones y empieza un nuevo ciclo, nos reunimos y nos decimos que todo va bien y que ya ha pasado un año más. Al final, el trasfondo es siempre el mismo: Seguimos aquí. Un año más, seguimos aquí.
Para todos, y a pesar de lo simple que es que termine un calendario y empiece uno nuevo, parece ser algo extraordinario. Amigos y personas especiales te felicitan el fin de año y te dicen que lo han disfrutado contigo y esperan que el que viene sea igual, nos prometemos hacer cosas fantásticas y mejorar en pequeños detalles, nos abrazamos y nos hacemos promesas sobre todos los años más que estaremos juntos igual que este.
Termina la noche para mí, para otros empieza. Mientras me quito los zapatos pienso en la importancia que tiene para muchos un evento que ocurre relativamente cada poco tiempo. Un año no es nada, aún así pueden ocurrir tantas cosas… Pienso en la canción de Mecano dedicada a esta fecha, sonrío mientras canto en mi mente que “todos hacemos por una vez algo a la vez”.
  Me meto en la cama. Es 1 de Enero. Año nuevo, vida nueva, o eso dicen. Yo pienso seguir como siempre, pero mejor que nunca. Cierro los ojos por primera vez en este 2013, y me duermo soñando con lo que traerá.

lunes, 31 de diciembre de 2012

Por todos los que callan por alguien.




Sufre desde detrás del espejo. No dice nada, guarda todo dentro de su puño apretado. Si le pregunta, responderá que está bien, esa vaga y débil mentira que no puede esconder el rojo de sus ojos, fruto de lágrimas pesadas como balas en sus mejillas.
  Se traga todas las bombas para evitar que éstas la dañen, bombas que explotan cuando nadie mira y aniquilan cada mariposa en su estómago, cada sonrisa y recuerdo dulce. El dolor cae en forma de bomba hasta el vientre y se lleva cada aleteo de mariposa y cada momento cálido. Se traga las explosiones, por los dos. Para que solo uno sufra. Porque la felicidad de la otra persona es lo único y lo más importante.
Suelta su rabia en forma de colores sobre las palabras, de olores sobre su música, sonidos en su lienzo. Mira la habitación detenidamente. En esa esquina hay un grito, en esa mesa una caricia, en esa otra esquina un beso. Y en la comisura de sus labios, palabras y besos que no llegaron a tener un momento en la historia de ambos.
  Ahora todo está bien. Mejor que nunca. Hasta que la luz se apaga, nadie mira, se queda solo, y sus hombros se agitan a cada sollozo arrancado.


viernes, 16 de noviembre de 2012

Sólo una figura más en la noche.


Las calles están mojadas, oscuras, bañadas de la tierna y suave humedad de la noche en la ciudad. La lluvia dejó su rastro por toda la avenida, sus gotas se juntaron en forma de espejos en el suelo de asfalto. Esta noche no hay luna en el cielo, no hay luz desde ahí arriba. Hoy, las farolas iluminan a las gentes que se deleitan con la magia que aparece junto con las tristes sombras de la noche.

Aquí y allí, gentes vienen y van. Grupos de amigos ríen juntos, amigas comentan cosas entre ellas, padres balancean las manos con sus pequeños tesoros, parejas se dan la mano y se abrazan combatiendo el frío a base de amor.
 Entre todos ellos, gris, imperceptible, se mueve el Príncipe.
Ese es el Príncipe. El que no habla con nadie, el que no mira a nadie. El que lleva la capucha de la sudadera negra ocultando sus ojos, el que no parece tener rumbo fijo. El más solo de todos, que pasa indiferente entre  las risas y los besos cálidos. Ese solitario ser que junta las manos y se las sopla para calentarse porque no tiene a nadie que le ofrezca el calor de un abrazo o de una caricia. El único que en lugar de pensar en cualquier preocupación, se dedica a observar de reojo la mágica esencia que todo inunda; el único que mira al padre que da la mano a su hija, que observa a la pareja besarse con cariño, que contempla a los grupos de amigos gastar risas, que disfruta observando cómo, sin razón aparente, todos parecen felices.
 El Príncipe es ese extraño ser que aquella noche no tiene en lo que pensar, que simplemente mira a su alrededor y se deleita con cada detalle de las vidas que no son la suya.

 Porque el Príncipe, tras todos estos años, había dado su vida más de una vez por alguien. Porque nadie es menos importante.

Porque todas y cada una de las sonrisas que iluminaban la noche tenían un significado.

martes, 30 de octubre de 2012

Va para todos mis lectores. Para los que creyeron.

Suelto durante unos momentos la pluma para detenerme a mirar lo que estoy haciendo. Una vez, una vez más, y otra más, me paro a leer vuestros comentarios de apoyo y todas esas cosas tan hermosas que me decís sobre lo que hago y sobre lo que creo estar haciendo como proyecto de Escritor, después de un año escribiendo este blog.
 Si, Escritor, con mayúscula.
Porque no hay un día que no mire cómo las visitas de este rinconcito van creciendo más y más y no sonría sólo de pensarlo.
Todavía pienso en que algún día podré ver mi obra publicada, y sé que ese momento llegará. Y cuando llegue, espero que estéis ahí los de siempre y que puedan llegar otros nuevos.
 Pero como las palabras no bastan, y como me parece muy de subidito eso de agracéroslo todo en general, os dedico una línea o dos a cada uno que creyó en mi, jugándome mucho estar olvidándome de alguien. Antes de nada, sepáis que aquí nombro a aquellos que vieron por primera vez mi blog y me apoyaron en mi sueño.

A mi madre; que me educó y enseñó a ver el mundo de otra forma y a buscar la felicidad.
A Alejandro; mi primo, mi hermano.
A Edu; mi mejor amigo desde que lo conocí en la guardería.
A mis amigos más cercanos, que me sacáis una sonrisa a cada momento: Pablo, Nacho, Oscar, Andrés, Mario, Paula, Ángela, Álvaro.
A mis músicos, que nunca me habéis fallado y que siempre le disteis música a los días grises: Helena, Naila, Violeta, Cris, Rocío, Isa, Rubén.
A Aracceli, que me aconsejó escribir para el público y confió en mí.

Sois los que siempre estuvísteis cuando empecé, los que me animásteis cuando emprendí el viaje en el barco del arte, los que sé que estaréis cuando mis alas se mojen y no puedan volar. Siempre tendré una sonrisa para vosotros.

Y a todos los que llegásteis luego, o acabáis de llegar,  sed bienvenidos a mi barco.

Me dejo de dedicatorias y extras por el momento. Ya sabéis que dentro de poco habrá entrada, y pienso hacerlas con mucha más frecuencia; disculpadme el descanso que me dí en verano.

Con cariño, desde mi nube, El Príncipe Alquimista.